martes, 3 de julio de 2012

Las sombras.




Un prestigioso científico defendía que eran más exactas las sombras que los objetos en sí.
-¡Tamaña holganza!- ratificaban los colaboradores entre risas y abucheos. -Las sombras son difusas y deformes, casi imperceptibles, decoloradas...
 Cientos eran los  argumentos que rebatían fácilmente la insulsa teoría, pero todas, absolutamente infames,  se desplomaban desde el mismo momento en el que todo acababa y decenas de precisas oscuridades, salían azoradas del auditorio.

1 comentario:

aguamarina dijo...

Como siempre Javier... en tus relatos conviven infinitos mundos y posibilidades. Logradísimo tu relato...

cariños desde el sur